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19 de Diciembre de 2013

Los chicos crecen, y es normal que a veces quieras matarlos.

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Se está por acabar el año y entre las muchas sensaciones que me invaden está la de constatar que mis hijos están enormes. Si tenés dudas acerca de si tus hijos también están creciendo a pasos agigantados, acá te dejo un decálogo (ampliado) para que puedas comprobarlo.

Es simplemente un breve manual para que puedas constatar si pasaste de ser la madre de pequeños y dulces angelitos a la progenitora de adolescentes casi tiranos.


1.Te saludan por el Día de la madre en el muro de facebook en lugar de darte un dibujo hecho a mano.


2. Te dicen cosas como: “Esta canción es vieja. Es de tu época ¿no?”


3.Dejan de pedirte permiso para invitar amigos, directamente te los encontrás en tu casa.


4.Abrís la heladera y lo único que encontrás es un postre Viva Lemon Pie. (Si alguno de sus amigos tuvo la amabilidad de dejarlo vivo) Perdón, puede haber también un sachet de jugo de naranja absolutamente vacío. (Es un favor que te hacen para que recuerdes reponerlo)


4.Cierran la computadora cuando entrás en su cuarto para que no veas dónde estaban navegando. (Entre los 9 y los 11 años pueden hacerlo disimuladamente, luego prefieren no destinar energías a ese pequeño detalle)


5.Te dicen: “No entendés nada” varias veces a la semana.


6.Se suben al auto y te exigen que prendas la radio con la música que les gusta a ellos.


7.Cuando tienen necesidad de contacto físico, en vez de pedirte mimos, te piden masajes indicando que tienen un serio dolor de espalda o de barriga que es insoportable en ese mismísimo momento.


8.Si necesitan algo te llaman insistentemente aunque estés en el baño. Y si por alguna razón demorás más de 30 segundos vuelven a llamarte varias veces como si tus necesidades fisiológicas no fueran importantes.


9.Se cambian la ropa varias veces antes de salir. Y todo lo que se probaron se transforma en una colorida y moderna alfombra de dormitorio.


10.Te dicen todo lo que van a hacer diferente a vos cuando sean grandes.


11. Cuando les pedís que hagan algo como “sacar la basura” simulan tener un problema auditivo que les impide escuchar el reclamo. Esta situación puede reiterarse con tanta frecuencia a pesar de tu insistencia que te lleve a pedir hora de urgencia con el otorrino de turno.


12.Preguntan varias veces al día qué hay de comer y se quejan cualquiera sea la respuesta.


Y finalmente, un día de percatás de cuál es la verdadera tragedia: Ya no podés decir “no tengo con quien dejar a los nenes” cuando no tenés ganas de ir a un lugar.


Por si lo estás necesitando te recuerdo las sabias palabras del Rey Salomón: “Esto también pasará.”

 

Por Raquel Oberlander

Mamá, Lic. en comunicación y Fundadora del blog.

Seguí en a @raquelober

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