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28 de Mayo de 2012

Algunas de mis ideas para enfrentar la inseguridad: Doulas, escuelas para padres y descubridores de talentos.

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En un momento en que la inseguridad pública se convirtió en la máxima preocupación de los uruguayos, me pregunto si no habrá fórmulas que además de combatirla, permitan enfrentar el problema desde la raíz.
Porque es claro que la delincuencia es un problema complejísimo que implica actuar en una cantidad de frentes como las cárceles, el código de la Niñez y  Adolescencia, el sistema educativo o  el narcotráfico. Pero las medidas que todos esperamos que el gobierno ponga en marcha en estos ámbitos no harán más que paliar la situación. Si no logramos producir cambios estructurales y profundos a nivel social, las nuevas cárceles se seguirán llenando y en 5 años estaremos hablando de lo mismo.


Como señaló el Presidente de la Suprema Corte de Justicia, Daniel Gutierrez en una nota aparecida en el semanario Búsqueda:   una de las causas del delito de la que se habla poco porque “quizás todos somos culpables” es la “desestructuración de la familia”.  Son raras en los estratos más bajos de la sociedad montevideana las familias constituidas. En general las familias se integran con una madre, un padre golondrina e hijos de distinto padre”


Frente a este panorama, cuyo resultado es una crisis absoluta de valores, ¿qué medidas estamos proyectando? 

Constantemente se alzan voces manifestando que  “toda la culpa es de la pasta base.  Como si eliminándola de la faz de la tierra, lográramos solucionar  los problemas. Nada más lejos de la realidad. La pasta base es una consecuencia. De los procesos adictivos en que  se sumergen  los jóvenes para suplir necesidades no satisfechas en edades más tempranas. Y de la existencia de personas inescrupulosas que ejercen una actividad ilegal para obtener dinero fácil lujo y confort, para también intentar suplir con ellos el vacío emocional y existencial de sus vidas. 


Laura Gutman, fundadora del centro Crianza que funciona en Argentina, explica que todo tipo de violencia se origina en la falta de maternaje y las necesidades desplazadas desde la primera infancia. “El niño amparado y fusionado (emocionalmente con la madre o persona maternante) sabe que obtendrá lo que necesita. .. La seguridad interior se establece y posiblemente ya no se mueva más de las entrañas de su ser. Sentirse seguro, amado, estable y con total confianza en sí mismo y en los demás es obviamente el tesoro más preciado para el despliegue de la vida futura” En cambio un bebé que no está en contacto real con su madre  se siente despojado y desplazará sus necesidades primero hacia juguetes, comida, atención y luego alcohol, drogas, éxito, dinero, poder o trabajo:  “el acto de incorporar en sí mismo se convierte en primordial” 


Entonces, ¿qué podemos hacer?
Para empezar, informar,  educar y acompañar  a los padres. Fundamentalmente a las madres, encargadas de “dar forma” a sus hijos.  


No alcanza con cursos de preparación para el parto donde se aprende a pujar y respirar. Mucho más importante es enseñar a las madres a conectarse y brindarse a sus hijos. Algo que muchísimas mujeres aún sintiendo verdadero amor por ellos, no logran. Porque ellas mismas no fueron suficientemente maternadas. Tenemos que aprender a entender las necesidades de los pequeños, fomentar su autoestima y autovaloración y hacerlos sentirse queridos, amados y respetados. Enseñarles a esperar y tolerar las frustraciones. A hacerse responsables de sus actos.


En todos los jardines de infantes y escuelas, deberían llevarse a cabo encuentros periódicos con los padres, dirigidos por profesionales idóneos, tan obligatorios como la asistencia de los chicos. No alcanza con la educación que les brindamos en la escuela si no logramos también producir cambios en sus entornos familiares.

 A más de uno esto podrá parecerle una idea descabellada o estúpida. Al fin y al cabo, durante miles y miles de años los padres criaron a sus hijos sin Escuelas para Padres. 

Es verdad. 

Pero las mujeres no trabajábamos  y las familias extendidas compartían la crianza. Las madres rodeadas de abuelas, tías y primas compartían las tareas de la casa y se apoyaban unas a otras en la complejísima y ardua tarea de acompañar a los niños hasta su independencia. Había vecindades y aldeas enteras dispuestas a amparar y acompañar a cada nueva mamá. 


En cambio hoy las mujeres destinamos un caudal enorme de energía a obtener parte o todo el sustento del hogar o  a ser exitosas y  reconocidas. Eso nos obliga a desconectarnos de nuestros instintos básicos e inconscientemente aplicar en casa las mismas fórmulas que en el trabajo: ser ejecutivas, prácticas, rápidas y concretas.  Por más que amemos a nuestros hijos, estamos cansadas y con poca disposición emocional. Y los niños reclaman, hasta que dejan de hacerlo y buscan satisfacer sus necesidades de otra forma.

Pienso en las Escuelas para Padres como espacios donde no sólo se transmita información, sino se brinde contención, para que podamos sentirnos menos solas y solos en la tarea más importante de nuestras vidas. Sí, nos sentimos solas. Puedo constatarlo cada vez que desde Mundobebe.com organizamos un encuentro para madres y nos vemos sobrepasados en los cupos disponibles. O en la lluvia de mails agradeciendo la oportunidad de compartir las dudas e inseguridades que provoca la crianza. 


Suena contradictorio que en una época donde las mujeres nos convertimos en gerentas, doctoras, ejecutivas, ministras o presidentas sigamos necesitando tanto apoyo. Es que criar hijos puede ser mucho más complejo que conducir una empresa. 

¿Y en los primeros años, antes que comience el jardín de infantes?

Sería ideal extender y popularizar el trabajo de las doulas, que son mujeres experimentadas en acompañar a las madres para que el embarazo, parto y posparto sean experiencias plenas y saludables. Actúan  como “sostén” de las mamás, acompañándolas en la crisis vital que supone la maternidad  para que puedan amamantar y descansar con su bebé sin sentirse culpables por no estar haciendo otras tareas de la casa o dedicándose a sus otros hijos.

También podrían crearse espacios coordinados por una única doula donde las mujeres pudieran concurrir varias horas por día. No me refiero a centros donde dejar a los bebés para que sean cuidados por otros.  Me refiero a espacios donde las madres asistan CON sus bebés para ejercer la función maternante con un apoyo colectivo. ¿Cuántas mujeres estarían dispuestas a trabajar de doulas unas horas por día y recibir una remuneración por ello? Muchas, sin duda.


Cuesta plata. Mucha plata. Pero infinitamente menos que los costos sociales y económicos de la violencia y el desamparo.

Actuar desde la prevención SIEMPRE es más económico que trabajar en la reparación. Y los resultados son mucho mejores. 


También mencioné al comienzo a los descubridores de talentos. 


Siempre pensé que todos los seres humanos tenemos un talento especial. Pero la mayoría de nosotros nunca llega a descubrirlo. Y eso provoca frustraciones que tal vez ni siquiera se manifiesten a nivel  consciente. 

Dificilmente alguien malgaste energías en robar o matar si puede llenarse el alma de aquello que ama.

Pienso en los descubridores de talentos como personas dentro de las escuelas que tengan el rol de ayudar a los niños a descubrir sus capacidades especiales y estimulen su desarrollo, por ejemplo mediante diferentes tipos de talleres. 

Porque está claro que no todos somos buenos para matemáticas o lenguaje. 

¿En qué escuela se reconoce y premia al que es genial cantando o dibujando? ¿O al que tiene la mejor colección de sellos o de llaveros?  ¿Al que hace los mejores trucos de magia o las formas más increíbles con plastilina? Qué bueno sería que a fin de año junto con el carnets se otorguen  medallas al mérito y cada niño obtenga la suya: al mejor contador de chistes,  al cantante, al mago o  al goleador. Y que todos juntos, padres, maestros y familiares festejáramos y estimuláramos ese talento especial aún no siendo el que nosotros, hubiéramos soñado para ellos. Porque cuando alguien relega a la sombra su potencialidad, no sólo pierde el niño, perdemos todos.

Implementar cualquiera de estas ideas requiere dinero, trabajo y esfuerzo. Y tienen la desventaja de no ser inmediatas.
Claro que el saber esperar es otro de los problemas fundamentales de la sociedad moderna.  Pero eso es tema para otro día.

 

Por Raquel Oberlander

Mamá, Lic. en comunicación y Fundadora del blog.

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 Comentarios
  • marian

    Octubre 31, 2012 10:07

    Muy bueno lo de los descubridores de talento!!! La verdad que seria excelente, menos competencia y mas reconocimiento de la individualidad.
    Lo de los espacios para los primeros años con concurrencia conjunta madre, hijo ya existe. En los CAIF (centros de atención a la primera infancia) se realiza estimulacion oportuna, con asistencia de la mama y su hijo desde los 6 meses a los dos años . Son solamente una o dos veces por semana dos o tres horas pero se refuerza puericultura y se trabaja en el vinculo y la estimulacion del niño . Seguramente la cobertura es insuficiente ya que los centros están sobrepasados pero me parece que por allí hay que seguir.

  • Laura

    Mayo 29, 2012 02:02

    Yo creo que con buenos cimientos estamos generando una buena base para un mundo mejor, esperemos que de a poco todos tomen consciencia y realmente sea algo que se transmita y se lleve realmente a cabo.

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