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28 de Marzo de 2013

Cuando unas papas chips viejas se convierten en ejemplo.

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Hace unos días fui a una reunión de mujeres en la casa de una conocida. No importa la fecha,  el motivo, ni el  lugar. Simplemente quiero contarles algo que sucedió y para la mayoría de las presentes seguramente constituyó un hecho insignificante, casi inadvertido. Pero a mí me hizo reflexionar y por eso quise compartirlo en esta edición de Ser Familia.


Cuando llegamos había sobre la mesa un lindo mantel blanco, bebidas y bandejas con galletitas con los que nuestra anfitriona pensaba agasajarnos. Y también varios bols con papas chips.

 

A los pocos minutos de comenzada la reunión nuestra anfitriona dijo muy rápidamente y en voz tenue para que su hijo mayor (de unos 8 años) no la escuchara: “Les pido disculpas, mi hijo mayor aprontó él solito esta mesa y vi que puso unas papas chips viejas, de la semana pasada. Sé que están blandas y no muy ricas, pero como lo hizo él, no quise sacarlas y poner otras en su lugar".  


Por supuesto enseguida alguna dijo: “No te preocupes, todo bien y cambiamos de tema”.

Pero para mí fue un gran ejemplo de esas pequeñeces que hacen la diferencia en la educación y crianza de los chicos. Me pregunté cuántas de nosotras hubiéramos hecho esto y cuántas las hubiéramos cambiado diciéndole a nuestro hijo algo como: -todo bien pero vamos a cambiar estas papas que no están bien, hay que probar si están blandas antes de servirlas, etc.


Seguramente lo hubiéramos hecho con la mejor intención, pero nuestro hijo hubiera sentido que no lo hizo del todo bien. Me recordó un  video que vi hace tiempo donde un conferencista explicaba que los halagos y reconocimientos  son como fichas de póker y que nuestro rol como padres es dar a nuestros hijos la mayor cantidad de fichas posibles para que estén bien cargados de autoestima cuando salgan a la calle, a la escuela, a la universidad, etc. Porque si tienen muchas fichas, cada vez que pierdan alguna con una mala nota, un niño que los pelea, una frustración o dificultad que se les presente, igual seguirán conservando un buen stock para enfrentar el siguiente escollo.


Por eso pienso que lo que hizo esta madre fue un ejemplo. Porque priorizó a su hijo antes que a las mujeres y no le importó tanto el "quedar bien".  
 

Tal vez sea un detalle menor, pero justamente la siquis de nuestros hijos y el proceso de crianza se conforma  en base a la suma de las pequeñas cosas del día a día y a veces la diferencia entre hacer las cosas bien, mal o más o menos puede ser tan sutil como un bols de papas chips.


Publicado originalmente como Editorial en Revista Ser Familia de marzo 2013.

Por Raquel Oberlander

Mamá, Lic. en comunicación y Fundadora del blog.

Seguí en a @raquelober

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