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24 de Febrero de 2015

Contradicciones y prejuicios

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Lupita

La edición de febrero no es una edición más de Revista Ser Familia. Es un número que hace tiempo venimos preparando y queríamos realizar con profesionalismo y seriedad. Y por lo tanto, necesitaba tiempo, madurez y sobre todo disposición emocional para afrontarlo. Porque reconozcámoslo. Para quien no conoce en forma directa a un niño o adulto con Síndrome de Down, el tema es como un fantasma con el que prefiere no toparse. Una realidad que prefiere desconocer. Porque por algún extraño motivo que no pasa por lo racional sino por complejos procesos culturales que penetran en nuestras mentes y cerebros sin ser conscientes de ello, el Síndrome de Down  provoca miedo. De hecho, personalmente nunca escuché a una embarazada decir: "ojalá mi hijo no nazca prematuro o no nazca con una cardiopatía congénita o con fibrosis quística o con autismo." (A menos que existan antecedentes familiares que amplifiquen dicha posibilidad) pero sí manifestar rechazo frente a este síndrome. Aunque probablemente tenga que ver con la incidencia en el total de la población y  el deseo de salud  es lo primordial, casi al mismo nivel aparece arraigado este temor. Sin embargo, hoy es injustificado desde el punto de vista de la calidad y la expectativa de vida que pueden desarrollar estos chicos, respecto a quienes padecen otras enfermedades.

Por otro lado, el discurso siempre presente en los padres es: “quiero que mi hijo sea feliz”. Hoy también sabemos que los niños con Síndrome de Down pueden serlo tanto como cualquier otro chico, dependiendo sobre todo del ambiente en que se críen y los vínculos que establezcan. 

Como sociedad nos debemos un cambio global en la percepción de la discapacidad, evitando los prejuicios; que del modo comúnmente utilizado en psicología,  no son meramente una declaración de opiniones o creencias, sino que implican una actitud que incluye sentimientos tales como desprecio o disgusto que ninguna persona merece. Se trata de la aceptación de la diversidad como consecuencia intrínseca de nuestra realidad biológica, de nuestra humanidad.

Esta edición es un homenaje a Mariana, Tatiana, Sebastián y todos aquellos padres que no conozco directamente pero que logran transmutar el dolor y el impacto inicial de la noticia en toneladas de dedicación y amor incondicional para que sus hijos tengan una vida plena. Y está dedicada a todos aquellos que en el desconocimiento perpetúan los prejuicios que hacen que todavía se mire raro a un niño con Síndrome de Down o que no sean aceptados en cientos de instituciones educativas quitándoles oportunidades de desarrollo personal y social. Eliminar las contradicciones es tarea de todos.

Publicado originalmente como editorial de la Revista Ser Familia en Febrero de 2015
Imagen: Triche Cardozo

 

Por Raquel Oberlander

Mamá, Lic. en comunicación y Fundadora del blog.

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 Comentarios
  • Silvia

    Febrero 24, 2015 16:44

    Muy buen enfoque! Muchas gracias!

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