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24 de Julio de 2013

El espectro de la nutrición

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En nuestra entrada anterior abordamos el tema “¿qué es normal dentro de la alimentación?” introduciendo el principio de bio individualidad. Hoy vamos a tocar otro aspecto de lo que es “normal”, y por qué nos resulta tan difícil definirlo.

espectro de nutrición 

Para hacerlo vamos a comenzar tomando prestado un ejemplo de la medicina: cuando sospechamos que tenemos una enfermedad y vamos al doctor, él nos puede hacer una serie de tests y confirmar (o no) la presencia de un virus o bacteria en nuestro cuerpo. Dependiendo del agente patógeno encontrado, el doctor prescribirá un medicamento, reposo, o hacer más tests.

En el campo de la nutrición las cosas son menos sencillas: no existen tests que revelen una bacteria que nos cause atracones, ni medicamentos que eliminen la anorexia, ni pastillas para bajar mágicamente de peso (a pesar de lo que prometan algunos comerciales).

Muchas mamás me consultan por la salud de sus hijas adolescentes: ¿está bien que hagan dieta? ¿no habrán bajado demasiado de peso? ¿cómo sé si mi hija está anoréxica o si sólo está pasando por una fase? Para contestar estas preguntas tenemos que comenzar por entender a la Nutrición no como una ciencia exacta, sino como un espectro que posee distintas áreas. De la misma forma que en el arco iris el verde no se transforma bruscamente en azul, sino que pasa por tonos intermedios de turquesa y celeste, dentro de la nutrición existen distintos grados que forman parte de un continuo:

espectro de la nutrición 

 El espectro de la nutrición va desde los comportamientos no problemáticos, pasando por la alimentación desordenada, hasta los comportamientos patológicos, como se observa en el cuadro adjunto. Por lo general preferimos no hablar de comportamientos “normales” sino de comportamientos no problemáticos, es decir, de todos los hábitos alimenticios que no generan síntomas, patologías o problemas. Si nuestro hijo adolescente se come tres sándwiches de queso de desayuno y esto no le genera dolor estomacal, aumento de peso súbito, o no le influye negativamente en su actividad física, estamos hablando de un comportamiento no problemático para él, aunque no nos parezca que esté desarrollando un hábito muy sano.

Por el contrario, si nosotras desayunamos exactamente lo mismo y pasamos toda la mañana con retorcijones de barriga, estamos claramente frente a un síntoma de que algo en nuestra alimentación no funciona bien para nosotras. Por este motivo es que comenzamos esta serie de blogs hablando de la bio individualidad: lo que es normal para mí no es normal para otra persona, pero existe una gama de conductas y hábitos para cada persona que cae dentro de su propia gama de comportamientos no problemáticos.

 Existen luego comportamientos que se encuentran dentro de una zona gris, como ser las dietas (armas de doble filo, por lo general desaconsejables), y las somatizaciones (dolores de estómago, gas, etc), temas que trataremos más adelante en profundidad. El espectro continúa con la llamada “alimentación desordenada”,  grupo que incluye a los atracones, dietas extremas, y síntomas agudos.

Finalmente nos encontramos con la parte más extrema del espectro, que corresponde a los desórdenes alimenticios clínicos, como ser la anorexia, ortorexia, bulimia y bulimiarexia. Si bien cada una de estas condiciones tiene sus particularidades especiales, desde el punto de vista de la Psicología de la Nutrición existen también una serie de características comunes a todas estas patologías, por encontrarse dentro del mismo extremo del continuo alimenticio.

Es importante destacar que, dentro de este grupo, se encuentran también los DANOs (Desórdenes Alimenticios No Específicos *), que están íntimamente relacionados a los desórdenes alimenticios más “clásicos” o conocidos como ser la bulimia y la anorexia. Los DANOs no son menos dañinos, y es fundamental comprender cómo evaluarlos a la hora de tratar a una persona que se encuentra en este punto del espectro de la nutrición. Por ejemplo, una adolescente que padece bulimia e inicia un tratamiento de recuperación, puede en un principio no vomitar más (lo cual eliminaría la definición de "bulimia") pero seguir teniendo atracones, problemas digestivos o utilizar esporádicamente productos de efecto laxante. La inclusión de los DANOs es fundamental para comprender que esta chica sigue teniendo un comportamiento problemático que, si bien tal vez ya no pueda ser denominado "bulimia",  sigue siendo un desorden alimenticio que requiere tratamiento.

En las próximas semanas les brindaremos varias formas de comprender cómo evaluar dónde se encuentran nuestros hijos dentro de este movimiento fluido, y les invitamos a dejar preguntas en la sección de comentarios  para poder incorporar las respuestas a esta serie del Blog de la Familia.

 

 

*originalmente designados en inglés como EDNOS, Eating Disorders Not Otherwise Specified

 

Por Elisa Markhoff

Coach de Salud Holística y Experta en Psicología de la Nutrición

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